crítica de Cantos dende a marxe

Unha crítica do concerto no Teatro Colón, Cantos dende a marxe, no blog negralluvia y las siete gigantas, de Rosanna Moreda.

¿Cuándo? Ayer noche en el Teatro Colón de la ciudad herculina.Un espacio acorde a las presentaciones que suenan adentro, como un sonajero grande y de los antiguos, con la misma atención y tiento.Canciones que también llevamos dentro, condimentadas con la potente voz de Estíbaliz Espinosa, acompañada de varios juguetes de infancia e instrumentos de ensueño, así como por unos músicos impecables, conmovedores.  Por supuesto libros, durmientes unos, despiertos (bien despiertos) otros, adornos de anticuario y lámparas colgantes al revés.  ¿Y cómo faltar la manzana roja partida en dos?Se agradece que en tiempos postsentimentales, surgan artistas que dispersan con tanto cuidado la emoción con tentáculos transparentes cuyo propósito no es otro que hacernos cosquillas en lo de afuera (lo que protege y envuelve, la blanda carcasa).  Que escapen corriendo de la fatal violencia de dirigirse a la masa, y no a la persona, grave peligro del mega espectáculo actual.  Claro que en el tamaño está la respuesta, siendo que los lugares protegidos y no mancillados por una modernidad-aparatosidad excesiva, son más dados a esta atmósfera familiar, íntima, donde no encandilan los focos o imágenes pastiche y estridentes, sino que nos acarician las luces tenues, más allá de si el color es fuerte o no.Donde ¡oh sí! hay criaturas y hay mayores.Sobre todo donde no nos llegan (ni de lejos) las consecuencias de esa palabra fea: el stress.  Justamente por cantar, recitar, tocar desde la calma y el contacto, y no desde la prisa, la ganancia y la servidumbre que imponen los shows en serie. Y el decir de frases que gracias a este decir, no quedarán ocultas en otras (de las muchas) cuevas que tiene el tiempo -esto es impagable-.  Palabras recitadas también ayer, peinadas con suavidad por un piano además de su soberbio pianista (Nacho Muñoz), y de un percusionista (Patxi Valera) del tecnotribal y colgante aquófono, además de un clarinetista moldavo (Marcel Chirilov).  Maravillas como las de aquella damisela japonesa: Sei Shonagon, que escribía apoyada en su dura almohada listas de todo lo que le gustaba y también de lo que no le gustaba.  Tan solo ayer…en el siglo X. Extrañeces soberbias como:  “Cuando una mujer vive sola debería tener su casa completamente desordenada y caerse a pedazos parte del barro de las paredes…” (¿acaso esta declaración no resume socarronamente la angustia femenina de todos los tiempos, y su contraparte: la libertad soñada?).Y con más y más reliquias se despidieron…dejándonos el corazón aflautado, y el alma tocada por la ilusión de que no todo está perdido, de que existimos, como público que resiste y se enternece, todavía existimos…(Mientras escribo esto escucho en la tele los resultados del Festival de Eurovisión 2013 de ayer, nada más antagónico y apropiado…)

 

Rosanna Moreda

Foto cortesía de Alejandro Martínez ©

Foto cortesía de Alejandro Martínez ©

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